Hay noches que están predestinadas a reventarse contra el día. Son esos momentos oscuros en que la lucidez por suerte abandona la morada racional, y el instinto más primario nos convierte en bestias nocturnas.
Ale sabía que tendría que haber dicho que no, pero no quiso. Latencia primaria, buceo en una vagina húmeda que no para de subir y bajar contra el palo de la moral.
- ¿Comemos?
- Bueno
El resto es conocido, el coqueteo, la mirada aniñada que entre la muzzarella y las aceitunas se pervierte hasta convertirse en el tobogán para la rodaja de tomate que se balancea indecisa entre los labios del galante de ocasión.
- ¿Vamos a un lugar más cómodo?
- Dale
El piso frío, el sofá incómodo, pero la calentura a flor de piel.
- Ser histérica no te queda bien
- Callate y bajate los pantalones.
Suena el despertador, son las ocho y media, y mientras Ale parpadea piensa que tendría que haberse levantado hace media hora. Le duele un poco la cabeza, la botella de vino tinto no hizo buen maridaje con la noche sexual.
Desnuda, tapada sólo con una frazada de lana verde se siente como cubierta por un ala gigante. Las plumas de una mamá paloma- y al instante de pensar esa frase se caga de risa estallando en una burbuja sonora dentro del sueño que otra vez la mece en sus aguas.
Ale sabía que tendría que haber dicho que no, pero no quiso. Latencia primaria, buceo en una vagina húmeda que no para de subir y bajar contra el palo de la moral.
- ¿Comemos?
- Bueno
El resto es conocido, el coqueteo, la mirada aniñada que entre la muzzarella y las aceitunas se pervierte hasta convertirse en el tobogán para la rodaja de tomate que se balancea indecisa entre los labios del galante de ocasión.
- ¿Vamos a un lugar más cómodo?
- Dale
El piso frío, el sofá incómodo, pero la calentura a flor de piel.
- Ser histérica no te queda bien
- Callate y bajate los pantalones.
Suena el despertador, son las ocho y media, y mientras Ale parpadea piensa que tendría que haberse levantado hace media hora. Le duele un poco la cabeza, la botella de vino tinto no hizo buen maridaje con la noche sexual.
Desnuda, tapada sólo con una frazada de lana verde se siente como cubierta por un ala gigante. Las plumas de una mamá paloma- y al instante de pensar esa frase se caga de risa estallando en una burbuja sonora dentro del sueño que otra vez la mece en sus aguas.